Azúcar, amenaza escondida (parte 2) | Dulcie
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Azúcar, amenaza escondida (parte 2)

Azúcar, amenaza escondida (parte 2)

Hace unas semanas empezábamos esta serie con un informe de la Organización Mundial de la Salud que llevaba por nombre “Las políticas fiscales para la dieta y la Prevención de Enfermedades Transmisibles (ENT)” y en el que quedaba clara la necesidad de regular en contra de la industria azucarera.

La Navidad es una época inmejorable para considerar que el azúcar nos está matando. Se trata de una temporada en la que vivimos inundados de este producto y en la que los dulces juegan un papel primordial. Muchos sostienen que el azúcar en moderación es benigno, pero esa suposición, como bien nos cuentan en The Wall Street Journal, ha sido debatida siempre que hemos agregado el azúcar a nuestras dietas. Es una batalla que viene de hace décadas, en la que las advertencias contra sus efectos dañinos no dejan de crecer con el tiempo. No es un debate nuevo. El azúcar tiene un papel excepcionalmente poderoso en causar obesidad y diabetes y, por lo tanto, aumenta nuestro riesgo de desarrollar las principales enfermedades crónicas, como las enfermedades del corazón, asociadas a estas condiciones.

Tras el aumento del consumo de azúcar en occidente a mediados del siglo XX, los médicos ya comenzaron con su condena, señalando que la diabetes, prácticamente inexistente en los registros hospitalarios de hospitalización y mortalidad hasta la década de 1850, se había vuelto mucho más común desde la Guerra Civil. Los escépticos culpaban a la epidemia de la gula y la pereza.

Detrás de todo este problema hay un problema de concienciación. La industria azucarera se ha defendido durante mucho tiempo contra la noción de obesidad únicamente repitiendo el mantra de que una caloría es una caloría. Lo peor que se puede decir del azúcar, sostiene la industria, es que sabe bien, lo que nos lleva a consumir demasiado. «No hay diferencia entre las calorías que provienen de azúcar o bistec o pomelo o helado«, proclamaban los anuncios publicitarios de la industria en la década de 1950.

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Eso no es realmente cierto, aunque los nutricionistas han estado lentos en dar la vuelta. Los investigadores, dirigidos por el nutricionista británico John Yudkin, empezaron a publicar los resultados de experimentos en animales y ensayos en seres humanos, sugiriendo que la química distintiva del azúcar tenía un papel en la producción de un grupo entero de anormalidades bioquímicas conocidas hoy como «síndrome metabólico«.

Cada vez más, distintas asociaciones, organizaciones e incluso gobiernos, se están dando cuenta del problema que supone el azúcar para nuestra salud. Todavía queda mucho por delante, pero de la misma forma que ya vimos hace unas semanas, se están dando pasos importantes para combatir esta lacra. Ya no son solo los especialistas médicos o los miembros de la comunidad científica. Los propios gobernantes de nuestros países empiezan a ser conscientes de la amenaza.

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